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16 abril, 2011 0 Comentarios

Una invitación a paladear la vida

Josep Marco Sansano, secretario del movimiento Slow Food España, y José Luis García Sirvent, cocinero y dueño del restaurante El Sequé (Pinoso), visitaron ayer el Txoco Pepe Carvalho para apoyar la presentación en Murcia del movimiento internacional Slow Food (comida lenta), que ya aglutina a más de 100.000 socios de 110 países de todo el mundo y que ha salvado ya más de 250 productos amenazados con desaparecer como el queso de yak del Tíbet, el café Huehuetenango de Honduras o el arroz Basmati de la India.
Presidido por Indalecio Navarro, ingeniero agrónomo del sector ecológico, con el cocinero y asesor gastronómico francés Hervé Medina como secretario, la productora de aceite de oliva virgen extra Inma López (tesorera) y un grupo de consumidores, echó a andar ayer Slow Food Murcia. Una asociación sin ánimo de lucro, financiada por las aportaciones de los propios socios, cuyo fin es contrarrestar la fast-food (comida rápida o basura) y el vertiginoso estilo de la vida de hoy que no sólo estresa a los humanos que habitamos la tierra. «La situación es bastante grave. Sobre todo porque la tierra madre padece estrés. Hemos exagerado con el uso de pesticidas y abonos químicos y la tierra está cansada. Y a eso hay que sumar que cada día perdemos variedades genéticas de frutas, verduras, animales… Hemos extraído demasiado de la naturaleza. Hemos aplicado la concepción industrial a la agricultura, y ahí está el origen de la preocupante situación actual, una situación que es ambientalmente insostenible». Estas son declaraciones de Carlo Petrini, el gastrónomo italiano que fundó este movimiento en 1986 en el pueblo de Bra como respuesta a la gota que colmo el vaso, la apertura de un local de una cadena de hamburgueserías en la emblemática Plaza de España de Roma.
Sin devorar el mundo
Slow Food trata de recuperar las tradiciones alimentarias locales, luchar contra la pérdida del interés por los alimentos, el sabor y sus orígenes y, sobre todo, poner de manifiesto que las decisiones alimentarias de cada uno de nosotros influyen en el mundo más de lo que podemos pensar. «No es lo mismo comprar un producto local a un agricultor de la zona, por ejemplo de Bullas, que vive de su agricultura familiar y que gestiona el paisaje por el que luego nos paseamos los fines de semana, y que el producto no haya recorrido grandes distancias, que comprárselo a la gran agroindustria. Por eso, lo que pretendemos también es educar, que la gente sepa lo que compra y de dónde viene, y qué influencia tiene esa compra en la economía, el planeta y el medio ambiente», comentó Indalecio Navarro en la presentación de Slow Food Murcia.
Sus objetivos aquí en Murcia pasan por dar a conocer la realidad cultural y gastronómica de la Región; acercar las enormes riquezas de las zonas rurales de la Región a toda la población y los saberes tradicionales, los paisajes culturales, las variedades autóctonas y la gastronomía típica; servir de enlace entre productores, investigadores, grupos de consumidores, restauradores y restaurantes para defender el patrimonio alimentario murciano y las variedades y las razas más emblemáticas de la Región; y, sobre todo, educar y formar en el gusto a los más pequeños para que reconozcan los alimentos sanos y de calidad: de dónde vienen, cómo están hechos, cómo se cocinan…; y que aprendan a alimentarse de una forma sana y responsable mediante talleres, charlas, catas, visitas a productores y la creación de huertas escuelas. «Todas las actividades necesarias para conseguir los objetivos», resume el presidente de esta asociación que, como otras muchas, están en la vanguardia gracias a su lucha por una vuelta al pasado, todavía muy reciente para los murcianos.
Entre las actividades que promoverá Slow Food Murcia a partir de ahora, destaca su presidente, «las actividades en colegios, porque al final son los chavales los que, o aprenden a diferenciar los sabores y los alimentos, o esto se va a ir al traste. La educación en el gusto es uno de los pilares del Slow Food, porque tú y yo nos hemos criado con nuestros abuelos, comiendo pollo murciano y tomates de los buenos, pero los críos de hoy esos sabores casi ni los conocen. Si perdemos el archivo que tenemos en el cerebro de qué producto sabe bien y cuál no, no vamos a saber identificar los sabores verdaderos de las cosas. Nos vamos a pensar que el veradero sabor del pollo es el del hipermercado de la esquina, que no sabe a nada», concluye Indalecio.

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